La poesía es una mirada surrealista de las palabras, es la utopía de la razón frente al entendimiento, es la liberdad desatada.

lunes, 28 de mayo de 2012

Anita y el pan del abuelo


Allá, en ese misterioso océano de cerros como olas verdes, vive Anita una niña tan singular como cada amanecer.

En cierta ocasión esperaba, sobre la albarrada con su hermano menor, la visita del abuelo,  quien tiene por costumbre llevar de una población cercana, deliciosos panes que comparte con ellos durante la cena.

La espera se prolongaba igual que en otras ocasiones, mientras el Sol se devoraba lentamente los latidos del reloj, las ansias consumían velozmente la paciencia de ambos. Intempestivamente, el abuelo hace su sombría aparición, la algarabía se deja escuchar y su rostro labrado en piedra pareciera sonreír cuando Anita y Juanelo se cuelgan de su espalda para recibirlo con un abrazo festivo.

A pesar de conocer la respuesta, la pregunta obvia flotaba en el aire, ¿habrá traído panes el abuelo? Los niños se encontraban al punto de no saber si sonreían por la visita o por no llorar ya que aún tendrían que esperar hasta el anochecer para escuchar el tan ansiado “aquí están”.

Los elásticos minutos se habían prolongado tanto que estaban a punto de romperse, fue en ese preciso instante en que el llamado a la misteriosa cena había llegado. Allí estaba, como un regalo envuelto, cubierta por un grueso mantel que no hacía más que enfatizar el epitafio de la tragedia.

El abuelo toma asiento en la única silla, y como si de un acto de magia se tratase, toma el mantel y descubre la cena, la hace aparecer en un santiamén: allí estaba, como si nada hubiera valido la espera, sobre el plato un único, reluciente y oloroso pan, acompañado de chocolate caliente que rebosaba las jícaras.

Juanelo sonrió pícaro, él estaba seguro que cenaría. Anita miraba, pensaba que tal vez comería y el abuelo inexpresivo tenía la certeza de no cenar. Allí los tres con la mirada fija sobre el cohibido pan que los enroscaba con su enloquecedor aroma de huano y anís dorado, mientras el abuelo con parsimonia se preparaba para hacer todavía la bendición de los alimentos, el desenlace se posponía como en una novela de televisión.

Amén fue la palabra clave que esperó Juanelo para extender relampagueante su pequeño brazo que se apoderó del pan; como de rayo Anita reprendió a su hermanito con la mirada para arrebatarlo y partirlo por la mitad. La siguiente mirada en la silenciosa discusión fue del abuelo; la niña comprendió que todavía tendría que dividirlo nuevamente, providencialmente fue en partes no tan iguales. El abuelo cogió el pedazo más pequeño mientras le sonreía con dulzura. Esa noche, la familia cenó feliz con un pan, sin réplicas orales aún que sí estomacales.

El amor es así en casa de Anita, se nutre en forma inversamente proporcional al tamaño del estómago.

Cuento breve de Saúl Martín Tuyub Castillo
Pintura de Mariana Ferraro titulada "Dos panes".

4 comentarios:

  1. Pero que narración más divina y tierna, amigo mío, que bellos sentimientos nos transmites, me enterneció el alma haberte leído, que lindo escribes de verdad, ya te extrañaba!!!
    Te quiero y admiro mucho!!!

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  2. Hola mi querido amigo, ESTA OBRA MAESTRA la compartí en mi blog!!! gracias!!
    Te dejo el enlace directo a tu poema...
    http://eileenovallemiblog.blogspot.com/2012/06/una-hermosa-narracion-de-mi-gran-amigo.html

    y mi blog donde siempre serás muy bienvenido amigo!
    http://eileenovallemiblog.blogspot.com/

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    Respuestas
    1. Gracias Eileen por tus bellos comentarios, un tesoro para mi y un honor que me compartas en tu blog pues admiro tu trabajo poético, gran amiga.

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  3. Ah que Juanelo tan avispado!! Como siempre, Anita la voz de la razón y por supuesto, el abuelo sabio y consentidor. Un gusto leerte amigo.

    -Ana-

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